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Anillos sicilianos al horno: Palermo en el plato

Los anillos sicilianos: un plato completo, convivial y siempre actual

Los anillos sicilianos al horno, también conocidos como anelletti al forno, son una receta típica de Palermo, reconocida en toda Sicilia como plato de las grandes ocasiones. A medio camino entre una lasaña y una pasta gratinada, se distingue por el uso de los anelletti, una pasta corta y circular creada para “atrapar” el ragú y fundirse con los demás ingredientes. En una época en la que se revaloran la cocina lenta, las preparaciones caseras y los productos locales, este plato es un perfecto ejemplo de comfort food siciliano, aún protagonista de las mesas festivas y los domingos en familia.

Los anillos sicilianos: una historia de horno, fiesta e identidad siciliana

Los anillos sicilianos tienen su origen en el corazón de Palermo y se extendieron como plato dominical o de celebración. Las primeras referencias datan del siglo XIX, cuando los fabricantes de pasta sicilianos empezaron a producir formatos “para horno”, ideales para contener salsas densas. El plato se consolidó como símbolo de la cocina burguesa palermitana, pero también como receta popular por su capacidad de realzar ingredientes simples y locales. Las versiones más ricas incluían embutidos, huevos duros y caciocavallo, mientras que las familias más humildes lo preparaban solo con ragú y guisantes.

La receta tradicional de los anillos sicilianos

Para preparar los anillos sicilianos al horno, empieza por el ragú: sofríe cebolla, zanahoria y apio picados; añade carne picada mixta (ternera y cerdo), desglasa con vino tinto y añade puré de tomate. Cocina lentamente durante al menos una hora. Aparte, fríe las berenjenas en cubos, hierve los guisantes y corta en dados el caciocavallo y el jamón cocido. Cuece los anelletti al dente y mézclalos con abundante ragú, guisantes, berenjenas, queso y jamón. Vierte la mitad del preparado en una fuente engrasada (o forrada con berenjenas), añade un corazón de mozzarella o huevos duros y cubre con el resto de la pasta. Espolvorea pan rallado y queso rallado por encima. Hornea a 200 °C durante 30–40 minutos, hasta que se forme una capa dorada y crujiente.